Una empresa de alimentos estaba por firmar la compra de una nave en un parque industrial del Bajío. El proyecto eléctrico contemplaba una demanda del orden de 1,200 kW para refrigeración, líneas de proceso y servicios. En la solicitud a CFE alguien anotó, por costumbre, que la acometida sería en baja tensión. Cuando el proyectista revisó los planos, detuvo el trámite: a 1,200 kW en baja tensión la corriente de servicio supera los 1,500 amperes, lo que exigía barras y conductores de un calibre desproporcionado, un tablero principal gigantesco y pérdidas inaceptables en cada metro de cable. El proyecto no estaba mal dimensionado en potencia; estaba mal elegido en tensión de acometida. Bastó cambiar la solicitud a media tensión —y prever una subestación reductora— para que la instalación volviera a tener sentido técnico y económico.
Esa decisión, que muchas veces se toma sin pensar al llenar la solicitud, es una de las más determinantes del diseño eléctrico de una planta. La tensión a la que recibes la energía define el equipo de transformación, el calibre de los conductores, la magnitud de las pérdidas, la tarifa que pagarás a CFE y hasta si la red de la zona puede atenderte. Para un director de proyecto, de operaciones o de ingeniería, elegir bien el nivel de acometida no es un detalle de la memoria de cálculo: es una palanca que mueve CAPEX, OPEX y plazos.
Qué es la acometida y por qué su tensión define todo
La acometida es el punto donde la red de CFE entrega la energía a tu instalación: el lugar físico y eléctrico en el que termina la responsabilidad del suministrador y empieza la tuya. Todo lo que está aguas abajo de ese punto —transformadores, tableros, conductores, protecciones, subestación— lo diseñas, construyes y mantienes tú. Y todo eso se dimensiona a partir de un dato que se fija justo en la acometida: la tensión de suministro.
La razón por la que la tensión manda sobre el resto del diseño es puramente física. En un sistema trifásico, la potencia, la tensión y la corriente se relacionan de modo que, para una misma potencia, la corriente baja en la misma proporción en que sube la tensión: si recibes la energía al doble de tensión, circula la mitad de corriente para entregar los mismos kilovatios.
Esa corriente es la que dimensiona el calibre de los conductores (más corriente exige cables más gruesos y más cobre o aluminio), el tamaño de los tableros y el equipo de maniobra, las pérdidas por calentamiento (que crecen con el cuadrado de la corriente) y la caída de tensión a lo largo del cableado. El costo de la instalación escala con la corriente, no con la potencia.
Por eso la elección del nivel de acometida no es estética ni administrativa: es la primera decisión de ingeniería del proyecto, y todas las demás cuelgan de ella. Recibir energía a mayor tensión significa menos corriente, conductores más delgados y menores pérdidas; el costo de hacerlo es que necesitas tu propia subestación para reducir esa tensión a los niveles que usan tus cargas.
Los tres niveles de tensión en México
En México los niveles de tensión se agrupan en tres grandes rangos: baja, media y alta tensión. Los límites exactos de cada rango varían ligeramente según la referencia normativa, pero los valores que se usan en la práctica para acometidas industriales son bien conocidos y estables.
Baja tensión (BT)
Por convención se considera baja tensión a todo lo que opera por debajo de 1 kV (1,000 volts). Es el nivel al que funcionan la inmensa mayoría de las cargas finales: motores pequeños y medianos, iluminación, tomacorrientes, electrónica de control. Los valores típicos en industria mexicana son 220/127 V (sistema trifásico de cuatro hilos, el más común para servicios generales) y 440/254 V o el cercano 480 V para fuerza, muy usado en motores de proceso.
Una acometida en baja tensión es la más sencilla: CFE entrega directamente a la tensión de uso y no necesitas transformador de potencia propio. Por eso es la opción natural para cargas chicas. El problema aparece cuando la demanda crece: a partir de cierto punto la corriente se vuelve tan grande que el cableado y los tableros dejan de ser razonables.
Media tensión (MT)
La media tensión abarca, a grandes rasgos, el rango que va de poco más de 1 kV hasta unos 35 kV. Es el nivel en el que CFE distribuye energía dentro de ciudades y parques industriales, y por lo tanto el nivel de acometida más común para plantas de tamaño medio — es también el nivel típico de retail y centros comerciales que necesitan suministro confiable en media tensión. Los valores de distribución más frecuentes en México son 13.8 kV, 23 kV y 34.5 kV, según la región y la antigüedad de la red.
Recibir en media tensión implica que la energía llega a una tensión que tus cargas no pueden usar directamente: necesitas una subestación reductora propia que baje esos 13.8 kV (o el valor que sea) a la baja tensión de tus motores y servicios. A cambio, la corriente que entra a tu planta es mucho menor que en baja tensión para la misma potencia, lo que aligera radicalmente los conductores y el equipo de la acometida.
Alta tensión y subtransmisión (AT)
Por encima de unos 35 kV se entra en el terreno de la alta tensión y la subtransmisión. Los valores usados en México en este rango incluyen 69 kV, 115 kV y 138 kV en subtransmisión, y 230 kV y 400 kV en transmisión. Una acometida a estos niveles está reservada para cargas verdaderamente grandes —del orden de decenas de megavatios— como acerías, cementeras, grandes complejos petroquímicos o centros de datos de gran escala.
Conectarse en alta tensión implica una subestación de mayor envergadura y complejidad, con equipo de maniobra y protección de un nivel superior, pero para esas magnitudes de demanda es la única forma físicamente viable de recibir la energía sin que la corriente sea impracticable.
El nivel exacto, además, muchas veces se puede negociar a la baja. En un parque industrial nuevo en una zona congestionada de la red, renegociamos con CENACE/CFE bajar la conexión de 230 kV a 115 kV y entregamos la subestación 230/13.8 kV bajo esquema llave en mano, asegurando 28 MW con una reducción de costos en las obras de conexión superior a $20,100,000 MXN; el caso completo está en esta subestación 230/13.8 kV de 28 MW en el Norte de México.
Niveles de tensión, demanda típica e implicaciones
La siguiente tabla resume los tres niveles con los valores reales usados en México, el rango de demanda con el que típicamente se asocia cada uno y lo que implica para tu instalación. Los rangos de demanda son criterios prácticos de diseño, no umbrales legales: la decisión final depende de la disponibilidad de la red en tu predio, la distancia a la línea y el criterio del proyectista junto con CFE.
| Nivel | Rango de tensión (valores en México) | Demanda típica asociada | Implicaciones principales |
|---|---|---|---|
| Baja tensión (BT) | Menos de 1 kV · 220/127 V, 440/254 V, 480 V | Cargas chicas, del orden de decenas a unos cientos de kW | Sin transformador propio; CFE entrega directo a tensión de uso. Corriente alta para potencias grandes. Tarifa de baja tensión. |
| Media tensión (MT) | ~1 a 35 kV · 13.8 kV, 23 kV, 34.5 kV | Del orden de cientos de kW a varios MW | Requiere subestación reductora propia. Menor corriente y menores pérdidas que BT. Tarifa de media tensión, generalmente más conveniente. |
| Alta tensión / subtransmisión (AT) | Más de 35 kV · 69, 115, 138, 230, 400 kV | Cargas muy grandes, del orden de decenas de MW | Subestación de mayor envergadura y protección avanzada. Corriente mínima para la potencia. Tarifa de alta tensión. |
Conviene leer esta tabla como una guía de orden de magnitud, no como una frontera rígida. Hay plantas de varios cientos de kW que se quedan en baja tensión porque la red lo permite y la distancia es corta, y cargas que entran a media tensión antes de lo "esperado" porque el predio está lejos de una línea robusta. El número exacto siempre sale del estudio del caso.
Cómo la demanda y la distancia determinan el nivel
Dos variables pesan por encima de las demás al definir la tensión de acometida: cuánta potencia necesitas y qué tan lejos estás de la red disponible.
La demanda: el factor dominante
La regla práctica es directa: a mayor demanda, mayor tensión de acometida conviene. La lógica ya quedó establecida —más potencia a baja tensión significa más corriente, y la corriente es la que encarece y complica todo—. Como criterio de diseño, no como ley:
- Cargas chicas, del orden de decenas a unos pocos cientos de kW, suelen resolverse cómodamente en baja tensión.
- Cargas medianas y grandes, del orden de varios cientos de kW hasta varios MW, prácticamente siempre piden media tensión, porque en baja tensión la corriente se vuelve inmanejable.
- Cargas muy grandes, del orden de decenas de MW, requieren alta tensión o subtransmisión por la misma razón llevada al extremo.
Por eso el primer insumo para decidir el nivel de acometida no es el catálogo de tensiones de CFE, sino una estimación honesta de tu demanda. Cómo se calcula esa demanda a partir de tus cargas reales lo desarrollamos en el artículo sobre cómo calcular los kVA que realmente necesita tu nueva planta; sin ese número, la elección de tensión es una corazonada.
La distancia y la disponibilidad de la red
El segundo factor es geográfico. La tensión que puedes recibir depende de qué líneas pasan cerca de tu predio y con qué capacidad. Un parque industrial maduro suele tener distribución en media tensión lista en la banqueta; un terreno aislado puede estar a kilómetros de la línea más cercana, y llevar esa línea puede costar más que la subestación misma.
La distancia también empuja hacia tensiones más altas por un motivo técnico: transportar energía a baja tensión por distancias largas implica caídas y pérdidas inaceptables, así que conviene recorrerla en media o alta tensión y reducir cerca del consumo. Por eso la respuesta de factibilidad de CFE —cuánta capacidad hay y a qué tensión te pueden conectar— es determinante. Cómo se evalúa esa capacidad antes de comprometer el predio lo cubrimos en cómo evaluar la capacidad eléctrica disponible para tu nueva planta en México.
La tensión de acometida no se elige por gusto: la dicta sobre todo tu demanda, y en segundo lugar la red disponible en tu predio. La regla de fondo es física — a mayor tensión, menor corriente para la misma potencia, y por lo tanto conductores más delgados y menores pérdidas. El precio de subir de tensión es tener que construir tu propia subestación reductora. Por eso cargas chicas viven en baja tensión, cargas medianas y grandes en media, y las muy grandes en alta.
Por qué a mayor demanda conviene mayor tensión
El porqué es el corazón de toda la decisión. Para una misma potencia, recibir en media tensión en lugar de baja significa una fracción de la corriente, y eso encadena tres efectos. El calibre del conductor baja: una carga grande que en baja tensión exigiría barras desproporcionadas y cables en paralelo por fase, en media entra con conductores mucho más delgados. Las pérdidas caen aún más rápido, porque la energía disipada como calor crece con el cuadrado de la corriente —reducir la corriente a la mitad reduce las pérdidas a la cuarta parte, dinero que no aparece en el recibo de una planta que opera miles de horas al año—. Y el equipo de maniobra se vuelve más compacto, a cambio de soportar mayor tensión de aislamiento.
El balance es claro: para potencias grandes, el sobrecosto de la subestación reductora se compensa de sobra con el ahorro en conductores, pérdidas y equipo de baja tensión, más una tarifa generalmente más conveniente. Para potencias chicas, ese sobrecosto no se justifica y la baja tensión gana.
La subestación reductora que implica MT y AT
Recibir en media o alta tensión tiene una consecuencia ineludible: tus cargas no pueden usar esa tensión directamente, así que necesitas transformarla a la baja. Esa es la función de la subestación reductora, el costo de entrada de conectarse a niveles más altos. Una de media tensión incluye, en términos generales:
- Equipo de medición en media tensión, donde CFE mide tu consumo en el punto de acometida.
- Equipo de maniobra y protección de media tensión —cuchillas, interruptores, apartarrayos— para conectar, desconectar y proteger la instalación.
- Uno o varios transformadores de potencia que bajan la tensión de acometida (por ejemplo 13.8 kV) a la baja tensión de uso (por ejemplo 480 V o 220 V).
- El tablero general de baja tensión del que parte la distribución hacia el resto de la planta.
En alta tensión el mismo concepto se aplica a mayor escala, con protección más sofisticada y a menudo más de una etapa de transformación. La elección del transformador que hace esa reducción —según se aloje al aire libre o en interiores— también define si conviene uno en aceite o uno seco, un criterio que desarrollamos en transformadores secos vs en aceite para planta industrial. La subestación es una inversión inicial significativa, pero para las demandas que la justifican es la pieza que hace posible todo lo demás y que, bien diseñada, paga sus propios costos en eficiencia y tarifa a lo largo de la vida de la planta.
Relación con la tarifa de CFE y la factibilidad
La tensión de acometida no solo cambia el diseño físico: cambia también cuánto pagas por la energía. Las tarifas industriales de CFE están segmentadas por nivel de tensión, y como criterio general, a mayor tensión de suministro, mejores condiciones tarifarias — entregarte en media o alta tensión le ahorra a la red pérdidas y equipo de transformación, y ese ahorro se refleja en la tarifa.
Esto añade un componente de OPEX a la decisión. Una planta de demanda intermedia que pudiera conectarse en baja o en media tensión debe comparar no solo el CAPEX de la subestación, sino el ahorro tarifario acumulado de recibir en media tensión durante años de operación. Ese diferencial inclina la balanza hacia media tensión incluso cuando la demanda estaría en la frontera.
El otro factor que entra aquí es la factibilidad. No siempre puedes elegir libremente: CFE responde con la tensión y la capacidad que la red de la zona puede ofrecer. En predios bien servidos tendrás opciones; en zonas con red limitada, el nivel disponible puede estar prácticamente impuesto o requerir obra adicional. Por eso la conversación sobre tensión de acometida debe darse temprano —junto con el estudio de factibilidad y el cálculo de demanda— y no al final, cuando ya se firmó el predio y se compró el equipo.
Criterios para decidir el nivel de acometida
Reuniendo todo lo anterior, la decisión se apoya en un puñado de preguntas concretas que conviene responder en orden:
- ¿Cuál es la demanda real del proyecto? Es el dato dominante. Una estimación seria de kVA, no una corazonada, marca de entrada si estás en territorio de baja, media o alta tensión.
- ¿Qué tensiones hay disponibles en mi predio y con qué capacidad? La respuesta de factibilidad de CFE define el menú real de opciones y descarta las que la red no puede atender.
- ¿Qué tan lejos está la línea disponible? La distancia empuja hacia tensiones más altas y puede convertir la obra de conexión en un costo mayor que la subestación.
- ¿Cuánto cuesta la subestación reductora frente al ahorro en conductores, pérdidas y tarifa? Para potencias grandes el balance favorece subir de tensión; para chicas, no.
La respuesta no sale de una sola variable, sino del cruce de todas. Por eso la elección del nivel de acometida es, en rigor, una decisión de ingeniería y de negocio a la vez, que conviene tomar con el proyectista eléctrico y con CFE sobre la mesa desde las primeras etapas, cuando todavía hay margen para ajustar el predio, el equipo y el trámite sin rehacer nada.
Elegir la tensión de acometida es una de las decisiones más determinantes del diseño eléctrico de una planta, y no es una preferencia administrativa: la dicta tu demanda y la red disponible en tu predio. Baja tensión para cargas chicas, media para cargas medianas y grandes, alta para las muy grandes — y detrás de cada salto está la misma física: a mayor tensión, menor corriente, conductores más delgados, menores pérdidas y mejor tarifa, a cambio de construir tu propia subestación reductora. Si estás por anotar el nivel de acometida en una solicitud a CFE por costumbre, detente: ese dato define el transformador, los cables, el tablero, el recibo y la factibilidad de todo el proyecto. Vale la pena calcularlo, no suponerlo.